Mientras que el joven muchacho caminó hacia la mitad del cuarto, todo mundo estaba callado. Su mamá dijo, “el quiere hacerte una pregunta.” Yo respondí. “Por supuesto.”
“¿Por qué Dios tuvo que llevarse a mi tío al cielo? Estamos tristes, y lo extrañamos mucho!”
Esta noche Leonardo y yo estábamos en una pequeña villa otomí en mexico localizada cerca del bethi, llamada el mejay. El mejay en el dialecto local significa “suelo duro”. Eso pudiera explicar la razón por qué en esta villa de aproximadamente 1,500 personas no hay una iglesia cristiana.
Esta noche sería un tiempo que trataría con la soberanía de Dios; Plantar iglesias; Ministerio transcultural y la gracia de Dios.

Más temprano yo había compartido acerca de la “gran invitación” de jesús en Mateo 11:28-30; “Vengan a mí todos los que están cansados y cargados, y yo les haré descansar”.
El tío del muchacho se llamaba juan. Unos pocos meses atrás juan había estado en una junta parecida a esta y se le preguntó si le gustaría entregar su vda a jesús. Juan contestó, “sí, yo necesito dar mi vida al señor. Es el tiempo correcto. Necesito hacerlo esta noche.” Leonardo guió a juan en una oración, cuando terminaron de orar juan cayó al suelo, como leonardo lo llamaría más tarde, en una especie de “trance”. Juan permaneció allí por algún tiempo. Un rato más tarde algunos de los que estaban ahí reunidos llevaron a juan para que se acostara en su cama. Después de bastante tiempo, juan se levantó de la cama y empezó a explicar ¡cómo había tenido una visión! él había visto una luz brillante,¡ y sabía que dios estaba con él! ¡la presencia de dios era real!
Tres meses después de esa noche asombrosa de su conversión y mientras iba rumbo a su trabajo, juan murió trágicamente en un accidente automovilístico.
Fué una serie de eventos asombrosos para esta pequeña comunidad y para el puñado de nuevos creyentes que se reunían en la casa de juan. La salvación había llegado a este hogar con gran gozo y una visión milagrosa. Ahora mucha gente estaba luchando para encontrar respuestas.
Con este “gringo” en medio de ellos y su fe en dios habido sido sacudida con la muerte de Juan, era muy importante la pregunta de este joven muchacho.
El cuarto estaba quieto. Yo empecé a decir que no podemos entender algunas de las cosas que nos suceden a nosotros o a nuestras familias. Sin importar la circunstancia en que nos encontremos, necesitamos recordar que dios es bueno. Él es quien nos da vida. Nuestras vidas están en sus manos. La cosa más importante es tener una relación con Jesús. Le dije que aunque no siempre entendemos lo que sucede en esta vida, “el tío Juan” estaba ahora en el cielo con Jesús, un lugar maravilloso para todos aquellos que creen en él. Traté de explicarle que Jesús entendía su tristeza. Él estaba ahí para él, su mamá y también para su tía. Le dije que Jesús quería ayudarnos en cada circunstancia de nuestra vida. Nos acercamos a él así como estamos, con todas nuestras preguntas, dudas y temores, y él siempre nos escucha porque nos ama mucho. No estamos solos. El siempre está ahí para nosotros.
El muchacho cortésmente respondió “gracias”. Después oramos por él, su mamá y su tía. De una manera maravillosa el señor los tocó a todos ellos, con su paz y amor. Su presencia en ese cuarto fue muy real.
Solamente podemos decir “gracias Dios” por una oportunidad asombrosa de compartir el evangelio en un “lugar tan duro”. Dios nos dio una oportunidad increíble de hablar acerca de su soberanía, la vida que tenemos en él, la maravillosa promesa de que él está siempre, hasta el último día, ¡la esperanza de la vida eterna!
La noche terminó con un tiempo maravilloso de compañerismo con un grupo de nuevos creyentes, ¡comiendo unos tamales excelentes! hubieron sonrisas, risas y muchas preguntas para este “gringo” acerca de su vida, familia y si le gustaba o no la “salsa” en su comida.
Cuando regresamos al bethi esa noche, me maravillé de cómo dios nos dio el privilegio de estar en el mejay. Este “gringo” con leonardo su amigo otomí, compartiendo el evangelio en una villa donde no hay una iglesia Cristiana. ¡Solamente dios puede arreglar cosas como ésta!




